Como encontré mi voz

Hace unos días volví a mirar una coreografía que creé hace unos 13 años… y me pregunté al instante… ¿como encontré mi voz?

Me la recordó una amiga, que rescató aquel momento de una hafla en Valencia. Era una de las primeras veces que muchas personas me veían bailar allí y también una de las primeras coreografías de fusión que había creado.

Me hizo sonreír.

Y también me hizo pensar en algo que, con los años, he comprendido cada vez más: una voz artística no aparece de repente. Se construye mientras buscamos.

Aquella bailarina estaba probando. Mezclando. Investigando. A veces acertando y otras equivocándose. Tenía muchas ganas de expresarse, pero todavía no sabía exactamente hacia dónde la llevaría todo aquello.

Hoy veo muchas cosas que haría de otra manera.

Y, al mismo tiempo, no cambiaría ninguna.

Porque necesitaba explorar así para llegar hasta aquí.

La coreografía en cuestión antes de seguir…

Aprender antes de definir

Cuando empecé a acercarme a las danzas de India, encontré un universo que tenía mucho más que pasos, formas y movimientos.

Encontré códigos, historias, musicalidad, gestualidad, maneras de entender el cuerpo y una relación con la danza que me invitaba a mirar mucho más allá de la ejecución.

El aprendizaje de Odissi, mis experiencias en India y mi acercamiento a otras danzas —como la Kalbelia, la danza oriental o la contemporánea— fueron ampliando mi manera de comprender el movimiento.

Durante mucho tiempo quizá no necesitaba tener una respuesta exacta a la pregunta de qué estaba haciendo.

Necesitaba seguir aprendiendo.

Y creo que ahí hay algo importante para cualquier proceso creativo: a veces queremos definir nuestra voz demasiado pronto.

Queremos saber cuál es nuestro estilo, qué nos diferencia, qué podemos ofrecer.

Pero antes de encontrar una voz necesitamos permitirnos escuchar muchas otras.

La tradición también puede abrir caminos

Para mí, acercarme a la tradición nunca ha significado dejar de crear.

Al contrario.

Cuanto más he profundizado en las danzas que me han formado, más consciente soy de todo lo que hay detrás de un movimiento: su contexto, su historia, su intención, su musicalidad, su forma de relacionarse con el cuerpo y con el espacio.

Y esa conciencia también ha cambiado mi manera de crear.

Crear desde una tradición no significa copiarla. Significa conocerla lo suficiente como para poder dialogar con ella con respeto y conciencia.

Ese diálogo es uno de los lugares desde los que nace IndOriental®.

No como una mezcla hecha simplemente de elementos que me gustan, sino como el resultado de muchos años de búsqueda, estudio, práctica, preguntas y experiencia.

India está ahí.

La danza oriental está ahí.

El Kalbelia está ahí.

La contemporaneidad también.

Y, entre todo ello, está mi propia manera de entender el movimiento.

Una voz propia necesita tiempo

Cuando miro aquella coreografía de hace 13 años, puedo reconocer cosas que hoy forman parte de mi lenguaje y otras que ya no.

Eso me encanta.

Porque significa que la voz sigue evolucionando.

A veces pensamos que encontrar nuestro estilo significa llegar a un lugar definitivo: esto soy yo, esto es lo mío.

Hoy lo veo de otra manera.

Quizá encontrar una voz propia tenga más que ver con reconocer qué quieres conservar, qué necesitas transformar y qué estás preparada para seguir descubriendo.

La danza me ha enseñado que el cuerpo necesita tiempo para aprender.

Y creo que la creatividad también.

Cada repetición deja algo.

Cada escenario modifica algo.

Cada maestro abre una puerta.

Cada viaje cambia una mirada.

Cada error nos obliga a escuchar de otra manera.

Y cada etapa de nuestra vida nos ofrece un cuerpo diferente desde el que crear.

Seguir explorando

Después de más de veinte años dedicándome a la danza, sigo sintiendo que estoy aprendiendo.

Y quizá esa sea una de las cosas que más agradezco.

Porque cuando dejamos de querer tener todas las respuestas, aparece espacio para seguir preguntando.

Para mí, enseñar IndOriental® también nace de ahí: de compartir un camino que sigue abierto.

Un camino en el que la técnica importa, pero también la presencia.

En el que conocer las raíces importa, pero también encontrar una manera personal de expresarlas.

En el que bailar no consiste únicamente en ejecutar movimientos, sino en descubrir qué sucede cuando esos movimientos empiezan a tener algo que decir.

Quizá aquella bailarina que veo en ese vídeo de hace 13 años todavía está conmigo.

Sigue probando.

Sigue buscando.

Solo que ahora conoce un poco mejor el camino.

Y sabe que no necesita llegar a un punto final para sentir que ha encontrado su voz.

Porque la voz propia no es algo que encontramos una vez y conservamos para siempre. Es algo que seguimos construyendo mientras vivimos, aprendemos y nos atrevemos a explorar.

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